....................................................................................................

A VER SI OS ENTRA.


Texto e imagen de Esteban Hernández.

Me siento a leer, otra vez, y de la primera media página del libro llego a la pared que tengo en frente. Me embeleso en ella y bajando por un pilar acabo en el cable de alimentación de mi ordenador. Todo lo que alcanzo a ver me sobrevivirá, recuerdo de una canción, y me asombra que en abstracto, en la permanencia del contemplar ese cable, él no llegará a agrietarse ni a moverse en un siglo, a la baja, después del último recuerdo sobre mi persona: Todos habremos muerto cuando el cable, por sí mismo, deje de ser cable.

Sobre el fondo de la pared inmóvil seguí explicándome aquella especie de cuerda, pero no en cuanto al uso que aún le doy o a quién la puso allí ni, tampoco, por cientificar ninguna de sus probabilidades. Me enredé al hilo del futuro que iba a ser y le calculé lo que le esperaba. No un futuro en relación a los próximos, pongamos, dos años, si no a sus inmediatos tres segundos. Así, de este modo, insisto, como el paisaje del fondo no cambiaba, me abstraí de eso que veía en favor del futuro que iba a ver y, efectivamente, ocurría. Era. La experiencia que aún me gatilla esta perspectiva pone patas arriba el presente en un éxtasis.

Por otro lado, si todavía mirando vuelvo a mí y me propongo captar el cable en su ahora, consigo satisfactoriamente enfocar lo que el cable es en su sencillez, pero inmediatamente después, en correlato, me asombra y deja de ser el objeto de mi atención. Lo arranco de su presente, lo trasciendo y solo gestiono su estela. Así, el titular sería: El presente se me escapa cuando lo capto como presente; el presente huye de sí mismo. Si no soy capaz de explicarme, paciente lector, prueba en soledad y en un buen clima a atender a lo que tengas delante en tramos de pocos segundos.

No hay quien permanezca en la conciencia de las cosas. Es imposible. De una manera natural nos separamos de la desnudez de la vida. No es voluntario. De hecho, la conciencia plena acaba por reconocerle a los objetos lo que son sin preguntarles qué son. Lo que quiero decir es que después de reconocerle a, por ejemplo, cualquier vaso el mineral (la roca) de su cristal, la geometría de su vacío y el mapa de muescas de su historial, después de mirar el macro y el micro de su superficie, nuestra naturaleza lo indiferencia y bebemos lo que sea con su ayuda sin darle importancia.

Estos contenidos los intenté explicar en la presentación de un Mister y recuerdo a la gente yéndose, las ausencias en los ojos de los que se quedaron y que el desierto avanzaba a por mí.

Saludos.

No hay comentarios: